Mucho antes de que rodara la pelota, la Selección Colombia ya había ganado el primer partido. Lo hizo en las calles, en las avenidas y en los alrededores del estadio Azteca, donde el amarillo, azul y rojo se apoderaron de Ciudad de México. La capital mexicana amaneció vestida de Colombia y, a medida que avanzaban las horas, la marea de aficionados fue creciendo hasta desembocar en el mítico escenario mundialista.
No eran solo colombianos. También había mexicanos luciendo la camiseta tricolor, algunos acompañados por las tradicionales máscaras de luchadores que representan parte de la identidad cultural de su país. Era una fiesta compartida, una celebración del fútbol que transformó los alrededores del Azteca en un carnaval de cánticos, banderas y abrazos.
Cuando los equipos saltaron al campo, la responsabilidad era enorme. Los jugadores colombianos cargaban sobre sus hombros la ilusión de millones de compatriotas. Entonces llegó uno de esos momentos que quedan grabados para siempre. Más de 70.000 colombianos presentes en las tribunas se unieron para entonar el himno nacional. El Azteca, que registró una asistencia de 80.824 espectadores, vibró con una sola voz. Fue el punto de partida de una noche que prometía emociones.
Uzbekistán, sin embargo, no estaba dispuesto a ser un simple espectador. Desde el primer minuto planteó un partido incómodo para los dirigidos por Néstor Lorenzo. Con una línea de cinco defensores y marcas escalonadas sobre James Rodríguez y Luis Díaz, los asiáticos cerraron espacios y dificultaron la circulación del balón. Pero cuando las soluciones parecían escasas apareció Jhon Arias.
El hombre del Palmeiras comenzó a asociarse con todos. Retrocedía para recibir, aceleraba cuando encontraba espacios y conectaba cada ataque colombiano. Fue él quien dio la primera señal de advertencia. Su remate despertó a todo el estadio, aunque la pelota terminó golpeando la parte externa de la red. Aquella acción cambió el ambiente. Corría el minuto 17 y Colombia salió del letargo. También lo hizo la tribuna. Desde las graderías empezó a bajar un grito que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en un rugido ensordecedor. “¡Colombia, Colombia, Colombia!”.
La conexión entre equipo e hinchada se fortalecía con cada minuto. Al 32 llegó otra oportunidad. Arias encontró a Luis Díaz con un pase preciso y el extremo del Bayern Múnich sacó un remate cruzado que parecía destinado a abrir el marcador. El poste, sin embargo, le negó el festejo. Instantes después, una dura entrada de un defensor uzbeko provocó una tarjeta amarilla y encendió todavía más a los aficionados colombianos.
Tomado de elcolombiano.com
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!