El juez encargado del proceso contra el derrocado líder de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, descartó este jueves desestimar los cargos por narcoterrorismo contra el matrimonio, aunque cuestionó la vigencia de las sanciones que impiden a los acusados costear su defensa con fondos venezolanos.
En esta segunda audiencia celebrada en Nueva York tras su captura en Caracas el pasado enero, se vio a un Maduro visiblemente más delgado y con el cabello más canoso.
Entró en la sala, en la planta 26 de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, sonriente y dio los "buenos días" a su equipo legal, algo que también hizo su esposa, pero con un semblante más serio.
Durante el resto de la audiencia ambos permanecieron en silencio y se vio a Maduro tomar notas.
Maduro mostró una ligera cojera, al igual que hace dos meses, y vestía el uniforme reglamentario de recluso: pantalones y una camiseta de manga de color caqui sobre otra de camiseta de color naranja.
Un "caso único"
La defensa del político suramericano argumentó que el Gobierno de EE.UU. está vulnerando la Sexta Enmienda de la Constitución.
Según los abogados de Maduro, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) revocó las licencias que permitirían usar activos del Estado venezolano para sufragar sus honorarios, lo que dejaría a los acusados en una situación de indefensión al no poder elegir libremente a sus representantes.
El juez Alvin Hellerstein, de 92 años, anotó en varias ocasiones que este es un "caso único" y se mostró crítico con la postura de la Fiscalía, que sostiene que el Ejecutivo debe mantener la facultad de usar las sanciones como herramienta de política exterior.