Por: @YamiPeriodista

_Caicedo, otra vez se las da de víctima: tras graves denuncias de acoso sexual, silencios incómodos y un proyecto presidencial sin eco

Las denuncias reveladas por La FM contra el exgobernador del Magdalena y hoy aspirante presidencial Carlos Caicedo no son menores ni aisladas. Por el contrario, configuran un relato preocupante que apunta a una presunta estructura sistemática de acoso sexual dentro de la extinta Fuerza Ciudadana, un movimiento que durante años ha concentrado poder político de manera más bien negativa en el departamento.

Los testimonios de al menos cuatro mujeres, acompañados de chats, denuncias penales y relatos coincidentes, describen un patrón: el uso del poder, la intimidación y las promesas de ascenso laboral como mecanismo de presión y chantaje. 

Algunas de estas mujeres aseguran haber guardado silencio por años por miedo a represalias. 

Frente a la gravedad de los señalamientos, la respuesta de Caicedo no sorprende. De nuevo, se presenta como víctima de una supuesta persecución política, una narrativa que ha utilizado en múltiples momentos de su carrera pública y que, según analistas, le ha permitido evadir responsabilidades políticas y éticas, incluso cuando las denuncias vienen acompañadas de evidencias y procesos judiciales en curso.

Llama la atención que, mientras las mujeres denuncian miedo, aislamiento y consecuencias laborales, el dirigente insiste en descalificar los hechos como “maniobras electoralesâ€, sin responder de fondo a los señalamientos. Una estrategia conocida: victimizarse, desacreditar y avanzar como si nada hubiese pasado.

También resulta legítimo preguntarse por el sentido de su insistencia en una candidatura presidencial que, hoy por hoy, carece de respaldo nacional sólido. Su aspiración parece más un ejercicio de ego político que un proyecto real de país. Incluso dentro de su propio movimiento, Caicedo ha perdido fuerza: se le han ido líderes, votantes históricos y hasta figuras clave como su propia representante a la Cámara, quien decidió tomar distancia.

En corrillos políticos del Magdalena se habla de una candidatura que no busca ganar, sino medir qué tanta “Fuerza†le queda a la extinta Fuerza Ciudadana. Una especie de termómetro electoral que, según críticos, se estaría financiando con recursos cuya procedencia debería ser observada con lupa, especialmente en un departamento con profundas necesidades sociales y fiscales.

Mientras tanto, las mujeres que denunciaron esperan algo más que comunicados evasivos: esperan justicia, garantías y que el poder deje de ser un escudo para la impunidad.

Porque el verdadero escándalo no es que se denuncie, sino que durante años —según estos testimonios— se haya normalizado el silencio.

Este análisis se basa en la investigación periodística revelada por La FM, medio nacional que publicó testimonios, chats y denuncias penales relacionados con el exgobernador Carlos Caicedo.

En conclusión, más allá de los nombres, los cargos y las aspiraciones políticas, este caso vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: el poder no puede seguir siendo excusa para el silencio, ni la política un refugio para la impunidad. Cuando varias mujeres, desde distintos momentos y contextos, coinciden en relatos de abuso, presión y miedo, lo mínimo que merece la sociedad es una investigación seria, profunda y sin sesgos.

La justicia no puede seguir llegando tarde, ni mirando para otro lado. Y la opinión pública no puede normalizar que quienes han sido señalados reiteradamente se refugien en el discurso de la persecución para evitar responder de fondo. Ser víctima no es una estrategia política; es una condición que exige verdad, respeto y garantías.

Hoy, la responsabilidad está en manos de la Fiscalía y de las instituciones. Pero también en la ciudadanía, que debe exigir coherencia ética a quienes aspiran a gobernar...

 Porque un proyecto de poder que se construye desde el miedo, el silencio y la desigualdad jamás puede llamarse transformación.


Hablar no es venganza. Denunciar no es conspirar.

Es, simplemente, un acto de justicia.