Excelente discurso del senador Honorio Henríquez, presidente del Congreso. Profundo, oportuno y, sobre todo, conectado con la realidad que hoy enfrenta Colombia.


Su mensaje partió de una premisa que debería ser incuestionable, la razón de ser del Estado es solucionar los problemas de los ciudadanos.


La legitimidad que nace de las urnas se honra todos los días con resultados, seguridad, empleo, salud, oportunidades y un manejo responsable y transparente de los recursos públicos.


Henríquez puso sobre la mesa los grandes desafíos que no dan espera, inseguridad, orden público, narcotráfico, crisis energética, deuda, minería ilegal, salud y corrupción.


Problemas que no pueden seguir siendo utilizados como armas de confrontación política, sino que deben convertirse en una agenda nacional de soluciones.


Y allí estuvo quizás uno de los puntos más importantes de su intervención, Colombia necesita convergencia.


Gobierno, Congreso, empresarios, gremios, academia, Rama Judicial y sociedad civil tienen que trabajar juntos. Las diferencias políticas son legítimas; convertirlas en una guerra permanente destruye la posibilidad de construir país.

Partidos fuertes pueden surgir precisamente de grandes consensos nacionales. Porque una democracia madura no es aquella donde todos piensan igual, sino aquella donde quienes piensan diferente son capaces de ponerse de acuerdo sobre lo fundamental.



*Hubo un momento particularmente emotivo, el recuerdo de Miguel Uribe Turbay*. Su muerte representa una herida profunda para Colombia y obliga a preguntarnos cuánto nos ha costado como nación la intolerancia política. Reconciliar al país no significa olvidar las diferencias: significa impedir que esas diferencias vuelvan a conducirnos al odio y a la violencia.


También fue acertado el énfasis en la seguridad y en la lucha contra el narcotráfico. Colombia necesita recuperar el control de su territorio y derrotar las economías criminales que someten comunidades, reclutan jóvenes y alimentan la violencia. Y para ello necesita una política de Estado, cooperación internacional y una diplomacia activa, especialmente frente a realidades regionales como Ecuador y Venezuela.


El mensaje de fondo es claro, gobernar es solucionar.

Solucionar para quien busca empleo.

Para quien necesita atención en salud.

Para el empresario que quiere invertir.

Para la familia que exige seguridad.

Para el joven que necesita oportunidades.

Y para todos los colombianos que esperan que sus impuestos se conviertan en bienestar y progreso.


Por eso el discurso de Honorio Henríquez merece ser destacado.


Colombia necesita menos confrontación estéril y más acuerdos; menos división y más nación; menos discursos de odio y más soluciones.

Un gran discurso. Un mensaje profundo y oportuno.

Es el camino correcto de la historia.