Por:  José Félix Lafaurie Rivera - 20 de Marzo 2026. 

No podría describir el drama de los ganaderos productores de leche, sin contextualizar su realidad como eslabón primario de una cadena agroalimentaria estratégica para la seguridad alimentaria del país y la preservación del tejido social rural.

La producción de leche bovina, en 2025, no solo superó la cota de los 8.000 millones de litros, desde 7.712 en 2024, sino que alcanzó 8.400 millones de litros; un crecimiento importante, fruto del esfuerzo ganadero.

Ahora veamos quiénes hacen ese esfuerzo: Un segmento ganadero, la “lechería especializada”, dedicado a producir leche a partir de razas también especializadas, sobre todo en zonas de altiplano, como el cundiboyacense; y también el de “doble propósito”, como su nombre lo indica, produce carne y leche. Ambos suman cerca de 400.000 ganaderos, de los cuales más de 230.000 tienen apenas 10 animales o menos. Esta es la realidad que quiero resaltar: Nuestra producción lechera está soportada en la microempresa familiar campesina.

Esos 400.000 ganaderos quisieran venderle su leche a la industria formal, que solo compró 3.449 millones de litros en 2025, apenas el 41% de la producción y, para colmo, solo 20 empresas compran casi el 70% de ese limitado acopio. Hay entonces muchísimos vendedores detrás de poquísimos compradores. ¿Qué sucede en estos mercados que los economistas llaman “oligopsonio”? Sencillo. Que los compradores “mangonean” con el precio, sin contar con que, para los pequeños productores que no logran venderle a la industria formal, el mangoneo en la informalidad es peor y los precios aún más bajos.

Para rematar, la industria, que tiene a su disposición 3.000 millones de litros, en 2025 importó ¡77.605 toneladas! de leche y derivados, equivalente a 653 millones de litros y al 18% del total de sus compras. Y hacia delante lo seguirá haciendo, si los precios internacionales, la tasa de cambio y la eliminación de aranceles con Estados Unidos a partir de 2026, convierten en mejor negocio comprarles a prósperos granjeros estadounidenses, que a empobrecidos campesinos colombianos.

Y hay más; es decir: “tras de cotudos con paperas”, pues el Ministerio de Agricultura actualiza anualmente año la Resolución 017/12, la cual establece precios de referencia de la leche cruda, y la situación es de no creer: El mismo gobierno que decreta un incremento del salario mínimo del 23%, que empuja hacia arriba los costos de producción, estima que el esfuerzo de los productores de leche, campesinos minifundistas en su mayoría, a los que dice defender, merece apenas un incremento del ¡1,3%!

La “quincena lechera” es el sueldo de esos 230.000 pequeños ganaderos que no contratan, porque ellos son los trabajadores de sus microempresas, condenados a un aumento miserable, mientras los mayores ingresos del resto de los asalariados dispara la inflación y el costo de la canasta familiar, obligando al campesino ganadero, a la hora de mercar, a repartir sus ingresos entre la comida para su familia y el concentrado para sus animales.

¿Qué pensarán del discurso de la desigualdad que el Gobierno dice combatir? ¿Dónde queda el discurso del salario vital?, ¿Dónde el del campesinado sujeto de derechos?

Ni qué decir de los medianos productores, que contratan empleados, pagando 23% más en salarios y recibir solo 1,3% más por su leche. Las cuentas no dan.

Los problemas de la cadena láctea no son de hoy, son estructurales y afectan a su eslabón más importante y a la vez más débil: el que produce la leche. Desde hace más de 20 años los planteo en este espacio con propuestas de solución a todos los gobiernos.

Nada ha cambiado y, por el contrario, hoy enfrentamos una tragedia rural quizás irreparable y, lo que es peor…, anunciada.


@jflafaurie