Si los diálogos no están dando resultados, el Estado colombiano debe actuar con mano dura frente a quienes siguen sembrando terror y muerte en el país.


La indignación de miles de colombianos crece cada vez que un nuevo hecho violento enluta al país mientras el Gobierno Nacional insiste en mantener diálogos con estructuras armadas ilegales que continúan delinquiendo.

Alias “Calarcá”, señalado como uno de los hombres fuertes de las disidencias, se ha convertido en símbolo de la frustración nacional frente a una “paz total” que, para muchos, no está entregando tranquilidad ni seguridad en los territorios.


Mientras las comunidades siguen enfrentando asesinatos, extorsiones, desplazamientos y ataques, la pregunta que se hacen los ciudadanos es clara: ¿hasta cuándo el Gobierno seguirá permitiendo acciones criminales en nombre de unos diálogos que no muestran resultados reales?


La muerte de civiles y los constantes hechos de sangre demuestran que el país necesita decisiones contundentes. Si las negociaciones no logran frenar la violencia, el Estado tiene la obligación constitucional de defender a los colombianos con autoridad y firmeza.


Sin embargo, la preocupación aumenta cuando muchos consideran que la Fuerza Pública ha sido debilitada y restada desde el mismo Gobierno Nacional. La salida de oficiales con experiencia, los mensajes ambiguos frente a las operaciones militares y la falta de respaldo claro a policías y soldados han generado una peligrosa sensación de desmotivación dentro de las instituciones.


La percepción de horror y miedo generalizado está relacionada con varios factores:


_Ataques a la Fuerza Pública

_Expansión de grupos ilegales

_Crisis de orden público en algunas regiones

_Asesinatos y extorsiones

y la sensación de poca autoridad estatal.


Sentimientos que se han convertido en uno de los temas centrales del debate nacional alrededor del gobierno de Gustavo Petro y su política de “paz total”.


Colombia necesita paz, pero una paz con resultados, autoridad y respeto por la vida. Ningún proceso puede sostenerse mientras los grupos armados continúen actuando con violencia y el país siga sintiendo miedo e incertidumbre.