Corrección de expansiones, bullying por orejas grandes y cáncer: los retos que enfrenta la cirugía plástica de orejas


Cuando se habla de cirugía plástica de las orejas, muchas veces se piensa exclusivamente en una intervención estética para corregir unas orejas demasiado grandes o separadas; sin embargo, la cirugía plástica facial aborda situaciones mucho más amplias: desde niños que sufren burlas por sus orejas prominentes, hasta adultos que requieren reconstrucciones después de un tumor, un accidente o modificaciones corporales como los expansores.


“La oreja debe analizarse siempre en relación con el resto del rostro. No existe un tamaño ideal que sea igual para todas las personas, porque las proporciones faciales son diferentes en cada paciente”, explica el doctor Paulo Andrés Escobar, cirujano plástico facial y otorrinolaringólogo español con práctica en Colombia, España y Dubái.


Bullying por orejas prominentes

Las denominadas “orejas en pantalla” son aquellas que pueden percibirse demasiado separadas de la cabeza o con determinadas estructuras cartilaginosas más prominentes. Aunque se trata de una característica anatómica, en algunos casos, durante la infancia puede convertirse en motivo de apodos, burlas, exclusión o matoneo.


El impacto no debe subestimarse. Varias investigaciones concluyen que algunos niños sometidos a este tipo de presión social pueden presentar tristeza, inseguridad, timidez, inhibición social o dificultades para relacionarse, aunque estas consecuencias no se presentan necesariamente en todos los casos. Por esta razón, los padres deben observar cambios en el comportamiento del niño: si evita determinadas actividades, se muestra especialmente inseguro respecto a su apariencia, no quiere ir al colegio, intenta ocultar constantemente sus orejas o manifiesta de manera reiterada que son motivo de burlas.


La otoplastia es el procedimiento quirúrgico utilizado para corregir diferentes alteraciones de la forma o posición de las orejas. En los niños puede plantearse desde edades tempranas y, de acuerdo con el material consultado, normalmente se recomienda esperar alrededor de los 8 o 9 años, o lo que indique el cirujano plástico facial cuando la oreja ha alcanzado un desarrollo suficiente.


La intervención no consiste simplemente en “pegar” las orejas. Dependiendo de la anatomía, puede ser necesario marcar mediante suturas el pliegue natural de la oreja, modificar una porción prominente del cartílago de la concha o combinar diferentes técnicas.


“Cada caso requiere un diagnóstico diferente. El objetivo es conseguir una oreja proporcionada con el rostro y un resultado natural, no que ambas orejas sean absolutamente idénticas, porque incluso en personas que no necesitan una otoplastia existen diferencias entre una oreja y otra”, señala el doctor Escobar.


La recuperación después de una otoplastia suele ser relativamente rápida y, cuando la evolución es adecuada, el paciente puede reincorporarse a sus actividades escolares o laborales en pocos días. Sin embargo, el tiempo de recuperación y las restricciones para actividades físicas dependen de la complejidad de cada caso y de la evolución individual.


La seguridad también comienza antes de la cirugía. Un diagnóstico adecuado, la selección de la técnica, una anestesia apropiada, la certificación y experiencia del profesional y el seguimiento posterior son elementos determinantes para obtener un resultado satisfactorio.


Cirugías reconstructivas

Existe otro escenario completamente diferente: los pacientes que han perdido parte de la oreja debido a un tumor, un accidente o una lesión.


En adultos mayores, por ejemplo, pueden presentarse lesiones cancerosas en la piel de la oreja que requieren retirar tejido para controlar la enfermedad. El desafío posterior consiste en reconstruir el defecto procurando recuperar la forma de la estructura y mantener la mayor armonía posible con el rostro.


En estos casos, la cirugía reconstructiva exige conocer con precisión la anatomía de la oreja, la calidad y disponibilidad de los tejidos y las características del defecto. La técnica no es la misma para todos los pacientes: depende de cuánto tejido se haya perdido, qué estructuras estén comprometidas y de las condiciones particulares de cada persona.


El objetivo de una reconstrucción no es simplemente cerrar un defecto. Hay que pensar en la anatomía, las proporciones y la relación de la oreja con el resto de la cara para intentar conseguir un resultado que sea funcional y estéticamente natural explica el doctor Escobar.


¿Por qué las orejas parecen crecer con los años?

Existe una percepción muy común: que las orejas “siguen creciendo” durante toda la vida. Lo que ocurre en los adultos mayores es más complejo. Con el envejecimiento se producen cambios en los tejidos y el cartílago, además de modificaciones importantes en el lóbulo, que puede alargarse y perder volumen o firmeza. Por eso, en una persona mayor las orejas pueden parecer más largas o grandes que años atrás. No necesariamente significa que exista un crecimiento continuo como el que ocurre durante la infancia, sino que el paso del tiempo modifica su forma y proporciones.


Las expansiones de oído

Las modificaciones corporales también pueden generar alteraciones que posteriormente requieren cirugía. Es el caso de quienes han utilizado durante años expansores o gauges de gran tamaño.


Cuando el lóbulo se somete durante mucho tiempo a una tensión considerable, el tejido puede llegar a estirarse de manera permanente. Al retirar el expansor, el lóbulo no siempre recupera espontáneamente su forma original y puede quedar alargado, dividido o con un defecto importante.


La reconstrucción del lóbulo depende del grado de deformidad, la cantidad y calidad del tejido disponible y las características de cada paciente. En algunos casos se pueden realizar técnicas de remodelación y sutura del tejido para recuperar una forma más natural y proporcionada.


Estos procedimientos muestran que la cirugía plástica de las orejas abarca mucho más que una corrección estética. Puede acompañar a un niño que sufre por las burlas relacionadas con su apariencia, ayudar a reconstruir el tejido perdido después de una enfermedad o un accidente, o reparar las consecuencias de una modificación corporal.


En todos los escenarios, el principio es el mismo, según el director científico de Escobar MD: conocer la anatomía, establecer un diagnóstico preciso y elegir una técnica de acuerdo con las necesidades particulares de cada paciente. La experiencia del especialista resulta especialmente relevante cuando se trata de casos reconstructivos o de mayor complejidad. escobarmd.com