Por : Odín Vitola- Foto de archivo
Al Código Nacional de Policía y Convivencia, que establece las normas básicas para garantizar el orden público, la convivencia ciudadana y el respeto entre las personas en espacios públicos y privados, en Santa Marta se lo pasan por la faja tanto nativos como visitantes, especialmente en el Centro Histórico.
Por consiguiente, permanentemente en este sector hay conflictos entre vecinos, samarios y turistas, empresarios y trabajadores y pare de contar, por cuenta del ruido excesivo, del consumo de alcohol y estupefacientes en zonas de parques, hay riñas callejeras y comportamientos agresivos de la gente por culpa de la intolerancia e irrespeto.
Todo lo anterior, y mucho más, acontece en una ciudad en la que, como Santa Marta, la Policía está pendiente de otras cosas, menos de garantizar la seguridad y el orden.
Borrachitos y no borrachitos orinan en cualquier poste, terraza o hasta vivienda, tanto en el día como en las noches; hay ruidosas y frenéticas parrandas hasta el amanecer, sin importar que el vecino esté enfermo o requiera del descanso.
Las carretillas circulan a cualquier hora, mientras que ciclistas y motociclistas circulan en contravía y en forma retadora y ni qué decir de los vendedores ambulantes y estacionarios.
El postre del desorden se vio al medio día de ayer, como en muchas otras ocasiones, un vehículo de tracción animal, o carro é mula como se les conoce, se paseaba alrededor del céntrico Parque de Bolívar y hasta lo dejaban frente a la sede de la Alcaldía Distrital. La Policía fue informada por esta casa radial a través de la línea 112, y jamás atendió el llamado hecho en nombre de la ciudadanía samaria en procura del orden ciudadano.